En 1900 el Paseo de Gracia era la avenida más importante de la ciudad, donde se empezaron a construir edificios emblemáticos, se instalaron los mejores teatros y cines y las tiendas, restaurantes y cafeterías más exclusivas.

Fue también donde los burgueses más adinerados y con más empuje decidieron edificar sus casas y, en una carrera de osadía y exhibicionismo, encargaron los proyectos a los arquitectos más prestigiosos del momento.

La Casa Milà (La Pedrera) es considerado el edificio civil más emblemático de Antoni Gaudí, por las innovaciones constructivas y funcionales y por las soluciones ornamentales y decorativas que rompen con los estilos arquitectónicos de su tiempo.

La Pedrera representó para Gaudí la reflexión más evolucionada sobre un edificio en un chaflán del Ensanche de Barcelona. Consta de dos bloques de viviendas, con accesos independientes, organizados en torno a dos grandes patios interconectados con rampas para acceder al garaje con los vehículos.

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